Sobre la conciencia
El hombre posee el potencial de desear lo infinito y de alcanzar, a través del discernimiento, la conciencia de la realidad espiritual.
Cuando el hombre comienza a sobreponerse a la dependencia del plano material-sensorial surge paulatinamente la conciencia de los estados de plenitud
La Torá le brinda al hombre, si éste se educa verdaderamente a través de ella, una conciencia superior que lo mantiene alerta en todos los ámbitos de la realidad para prever y diluir cualquier manifestación egoísta.
La Torá nos hace tomar conciencia de cada acto que realizamos, enfrentándonos a nosotros mismos y responsabilizándonos por las consecuencias que éstos generan. La auténtica vida de Torá y mitzvót mantiene a la humanidad en permanente conflicto con sus mayores enemigos: el egoísmo, la indiferencia y las buenas intenciones basadas en nuestra percepción subjetiva de la realidad.
Si toda la realidad es generada por una Conciencia Suprema -el Kadósh Barúj Hú– con un objetivo, significa que hay un orden que nos compromete asociándonos a Su proyecto, en el cual nada es dejado al azar y del cual todos los seres somos parte inmanente.
Dicho proyecto no es ni más ni menos que el logro del altruismo que conduce a la unificación de toda la realidad con su Fuente y Origen.